diciembre 18, 2009

Sin título, por tercera vez, creo

Una vez más me faltaron huevos.

Ahora estoy bebiendo.

El león ruge, raspa mi garganta y me hace querer vomitar. Pero, antes de eso, me lleva en su lomo hacia algún lugar al que nunca llegamos. Platico con él, le cuento mis penas, me responde provocando mareos. Le cuento, con vergüenza, que mi lengua se paralizó hace unas horas, que de mi boca no pudo salir palabra alguna. Comparto mi miedo con él, mi miedo a lo desconocido, a lo potencialmente agradable, mi miedo a desarrollar sentimientos hacia alguien, mi miedo al rechazo.

No sabe hablar, me he cansado de enseñarle, pero no aprende. Me engaña, se hace pasar por animal domesticado cuando no lo es. No me engaña, pues estoy consciente de su salvajismo. Más bien ambos jugamos al engaño, él mintiéndome y yo creyendo, yo bebiéndomelo y él dejándose beber.

"ka-booom-boom!!!!", grita Billy Corgan, en medio de guitarras distorsionadas, distorsionadas como la realidad que alcanzo montado en el león. El grito incita a pararse y moler a codazos a mis miedos, haciendo slam. No lo hago, prefiero seguir montado en el León, recordando lo que nunca pasó, recordando el beso que nunca le dí, recordando las palabras que no dije, recordando el goce que nunca sentí después de haberle dicho lo que siento, después de haberle dicho que la quiero, que no quiero que se vaya.

Una vez más me faltaron huevos.

Para Yas (¿Jazz?).

octubre 27, 2009

Real de Catorce

Desde "Pago mi renta con un poco de Blues", "Mujer sucia", "Mujer liviana", "El lobo", hasta "Dramas para piano y violín", "El suicidio del cisne" y "Patios de Cristal", Real de Catorce nos ha dado grandes canciones. Si alguien se detiene a leer este blog le recomiendo ampliamente escuchar a esta gran banda.

Ya se me ocurrirá algo más para escribir.
Lola, no olvido nuestras letras compartidas, ya pronto escribiré mi parte, lo prometo.

¡Qué buenos juegos había para el SNes! Mis favoritos (no están ordenados de más favorito a menos favorito, nomás están en el orden en el que me acuerdo de ellos):
- The Illusion of Gaia
- Zelda III. A link to the past.
- Super Mario RPG
- Super Mario World
- Mortal Kombat III
- Tales of Phantasia (el Tales of Shymphonia, para Game cube, también está muy muy chido)
- Street Fighter Alpha 2
- Super Metroid (lo he terminado con el 100%, con el 28% (cuesta un huevo y la mitad del otro) y en menos de tres horas)

Mi SNes cada vez sirve menos, ya está muriendo y las memorias de mis cartuchos están amnésicas, pero aún así el Super Nintendo ha sido la mejor consola de todos los tiempos. Los de Sony deberían echarle un ojo a los controles del SNes, para que dejen de hacer esos controles todos feos que me sacan ampollas.

"Y vienes al hotel a darme una transfusión de alcohol y carne./Y vienes, te vienes y vas."

octubre 19, 2009

Otra vez, sin título

Cuando entré a la facultad, en primer semestre, me hice amigo de Luis, un tipo sumamente inteligente y extraño. Algún día lo escuché participar en alguna clase y me llamó la atención. Nos hablamos, nos estimamos y nos reímos juntos muchas veces. Él dejó de ir a clases a medio semestre, pensé que nunca más lo volvería a ver. Cuando entré a segundo lo volví a encontrar, asistía a sus clases como si nunca hubiera dejado de hacerlo. Después de dos o tres semanas volvió a irse, esta vez para siempre.

Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que hablé con él (o él conmigo), ya nunca supe si podríamos sobrevivir a una amenaza zombie, ni si alguna vez podría complir su ideal de dejar de comer, al estilo Novela-de-Auster. No sé muchas cosas, ni siquiera si sigue vivo.

Todos los ejércitos buscan reclutar gente en sus filas. Mi ejército de una sola persona lo había reclutado para que pudiéramos pelear juntos, sin saber contra qué. Mi ejército, como cualquier otro, es injusto, cree que su batalla es la única que es justa, que no daña a nadie, cree que necesariamente debe pelear. Mi ejército es igual de pendejo que cualquier otro, se excusa en posturas desgastadas que claman paz para cometer los actos más atroces. Mi ejército gusta de juzgar a los demás, reprobando sus posturas, sabiendo que él mismo las tiene.

Luis ni siquiera murió en batalla, se retiró, abandonando a los demás (a mí). Otra vez estoy solo, peleando por la causa injusta, contra el mundo, cansado de sostener un ideal que no lo es.

Desde la secundaria, después de leer 1984, sabía que no quería vivir como ellos, no-pensando. Me empeñé en resistir, citando a Orwell y a su novela como se cita a Dios y la Biblia. Ahora me doy cuenta de la insensatez de mi resistencia, ahora que ya no recuerdo la novela, ahora que sólo repito algunos fragmentos muertos. La lucha ha perdido sentido, el culpable soy yo.

¡Qué difícil es, después de llenar de minas al mundo, caminar en él, intentando esquivarlas! Las minas ni siquiera fueron puestas con buenas razones, no. Las puse al calor del prejuicio, con la mente completamente cerrada, poniendo a todo el mundo en categorías para después despreciarlas todas, sin darme cuenta de que, irremediablemente, yo estoy inmerso en muchas de ellas. Me doy cuenta, ahora, de que mi consigna ha sido odiar a todo el mundo por no ser como yo, pero ¿cómo soy yo? como todo el mundo. Me odio por odiar a todos, por sentirme superior sin ninguna razón, me odio por odiarme.

septiembre 20, 2009

Eras tú o era el sol...

... o ese rayo que emanó de ti.

El viernes pasado, en el metro balderas, un fanático religioso estaba rayando una pared. Un policía se acercó hasta él y le dijo que dejara de hacerlo, el fanático sacó una pistola calibre 38 y lo mató. Después un albañil, padre de cinco hijos, se abalanzó sobre el tipo con la pistola e intentó quitársela. También murió a manos del fanático religioso.

¿De dónde viene la fuerza que hace que una persona, con una pistola que sólo puede cargar 6 balas, pueda mantener a raya a mil personas dentro de un metro? De la pistola seguramente no, pues es imposible que 6 balas puedan siquiera herir a todas esas personas. El poder del tipo aquél viene de la indiferencia, esa que todos mostramos hacia los demás.

En fin, a hacer tarea y dejar de pensar en las cosas que acontecen en este mundo.

septiembre 17, 2009

Red Bull

El Red Bull no me gusta. Sabe bien, pero los efectos que provoca en mi cuerpo no están chidos.

Pero bueno, entrando en materia, hoy fui a la escuela, a la FFyL a tomar clase de Filosofía Política, de Historia de la Filosofía y de Metalógica. La próxima clase de Filosofía Política versará sobre John Locke, ya quiero que veamos a Jack, a Kate y a Sayid.

"Dios es aquello de lo cual nada más grande puede ser pensado", eso dice San Anselmo (persigno). La definición es infranqueable; necesariamente debe exisitir aquello de lo cual nada más grande puede ser pensado, luego, necesariamente, existe Dios.

Fe de erratas: El nombre correcto (¿correcto? ¿tiene un nombre que sea incorrecto?) del filósofo es Picco de la Mirandolla, el del post de abajo.

Estuve escuchando el Californication de los RHCP, recordé aquel tiempo de la primaria, iba en quinto, creo, en el que "otherside" estaba de moda. También recordé a la primer mujer (niña) de la que puedo predicar que me gustaba, se llamaba (espero que se siga llamando) Luz Alejandra (omitiré sus apellidos, no sé exactamente porqué). Las únicas dos cosas de las que platiqué con ella fueron Robin Hood (in da hood, broda gangsta), el primer libro que me regaló Rodrigo, mi hermano y que, a pesar de ser pequeño y tener muchos dibujitos (el libro), nunca terminé de leer, y de la rola de los RHCP, que creo que no le gustaba a ella, le gustaba a su hermano, que es mayor. Pero bueno, los recuerdos que tengo de mi primaria son muy vagos (les gusta pasear), tal vez platicamos de más cosas, pero no lo recuerdo. Luz no era (espero que ahora si) guapa (también espero que, si es que alguna vez ella lee esto, no se enoje), pero tenía ese algo que llama la atención, por lo menos eso me parecía cuando iba en la primaria.

Hace algún tiempo el Californication también estuvo ligado a otro acontecimiento. Conocí a una mujer muy chida, con la que podía platicar muy a gusto, guapa, inteligente e impredecible (si, impredecible, la bella arma de dos filos). A ella también le gustaba el disco, lo escuchamos un par de veces, creo.

Ahora, cuando escucho el disco rojo ese, puedo percibir el olor a monja-viejita-en-pleno-proceso-de-putrefacción que llenaba los salones de clase de mi primaria (a veces también olía a sudor-de-niño-puberto, pero nomás cuando nos tocaba educación física y algún niño puberto no se echaba desodorante (no lo culpo, ¿quién podría saber que en quinto de primaria ya empezaría a oler feo el sudor?)). Y, acompañando a ese olor, tamibién percibo la sensación de tener saliva que no es mía en la boca, seguida del olor ese extraño que se queda en la comisura de los labios cuando la saliva extraña se seca (no mucha, claro está).

El "Colegio" al que fui desde el kinder (cuando nomás había primero y segundo, creo que al segundo también se le llamaba "pre-primaria". Ahora, apenas la futura mamá se entera que está embarazada, se mete a una escuela para que empiecen a maleducar al hijo nonato) hasta la secundaria, el famoso (en mi pueblo, Tulancingo) "Colegio Pedro de Gante" era un colegio religioso, lo que sea que quiera significar eso. En la escuela esa, sede del Opus Dei, todos los días se nos obligaba a rezar, en la mañana para agradecer el inicio de un nuevo día (supongo); en la tarde, al final de la última clase, para agradecer que las infinitamente tortuosas horas de clase habían terminado (estoy seguro).

La verdad es que en la primaria me la pasaba a gusto. Era el niño que siempre sacaba 10 y que tenía buenos modales, que nunca cuestionaba nada y que observaba una conducta impecable. Fue así hasta que descubrí que algo olía mal (no precisamente las monjas ni los compañeros) y empecé a cuestionar la forma de proceder de la institución. En ese momento todo se volteó patasarriba: la directora (la madre Esther, Esther-il, para los cuates) ya no me veía con ojos de alegría, su semblante iba cambiando hasta convertirse en el de alguien que es decepcionado por un chamaco como de 8 años; la maestra (no miss ni profa, esas palabras todavía no se inventaban) desgarraba mi uniforme (pantalón y zapatos negros, camisa blanca y sueter y chaleco color vino) con sus ojos de láser, dejándome desnudo para que los demás niños se burlaran de mí y descalificaran mis comentarios. Lo más difícil del proceso fue, definitivamente, cargar con el peso que mi fama de niño bueno me había creado. Un tipo que alguna vez conocí y que estudiaba psicología me contó que uno de sus profesores decía: "agradezco que existan escuelas religiosas, son las que me dan pacientes", cuánta razón tiene.

"...Lola entonces, con la respiración contenida por una gran pared de abstinencia, exhala todo su ser, en un orgasmo. Y moja mis huesos, mis muebles, mi perro viejo atónito, mis poemas..." José Cruz. Real de Catorce.

agosto 17, 2009

Hurgando

Hurgando entre un montón de papeles que estaban en mi cuarto encontré dos hojas rotas, tristes. Una era el borrador de mi primer carta sincera, palpitante, roja y estúpida; la otra, una hoja en blanco en la que siempre quise poder retener el beso que respondía a mi primer carta, pero que, en cambio, estaba tiesa y arrugada por las miles de lágrimas que alguna vez derramé sobre ella. Volteé el colchón de mi cama y me sorprendí al ver una mancha que pensaba extinta por el paso del tiempo, una mancha roja, ahora roja oscura, cubierta por un poco de olvido y otro de tristeza, de añoranza. Entre las costuras del colchón quedaron atrapados un par de espasmos, 6 o 7 colillas de cigarro y el final de Farhenheit 451. En el cenicero de cristal, ya opaco, había boletos de metro quemados, cuatro semillas de marihuana, una G rota y otra G, más rota aún.

Caminé hacia el librero, y la duda metódica de Descartes se escapó de la primera meditación para volver a atormentar mi cerebro, como lo había hecho hace unos cuatro meses. "No importa si no estás seguro de tener algún tipo de conocimiento", replicó Marx, "lo que importa realmente es la lucha de clases".

Dos lavadoras me vieron feo cuando cruzaba el patio para ir a la calle. Un perro me olió y me siguió un buen tramo, luego empezó a coger con una perra. Dos asaltantes (negros) me ofrecieron comida y un churro. Una monja me ofreció leche materna, directo del envase.

Llegué a la Unam, me subí en el dragón azul de la ruta 5 hasta llegar a la facultad de Filosofía (sí, con mayúscula), entré a la clase de Ontología (por supuesto, con mayúscula) para escuchar la explicación de por qué hasta Dios (mayúsculo), según Picco de la Mandella, nos tiene envidia (a los seres humanos).


"Jai, can ai com in?"
"Yes"
"tenc yu"

Se acabó la clase de inglés.

Tomé alcohol con Carlo, fumamos muchos cigarros y, con la intimidad que sólo una cortina de humo de tabaco puede ofrecer, discurrimos acerca de cómo es que los ángeles pueden aprehender (no pudimos reprimir los grandes esfuerzos de Descartes por salir de nuevo).

La hamburguesota con corona nos dió de comer (recordamos a Kundera, sin poder evitar una sonrisa). Lo dejé en el pesero que lleva a metro cu y regresé a mi cueva.

Ahora estoy escribiendo esto, y ahora también.

julio 17, 2009

Garrik

Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirle le decía:
«Eres el mas gracioso de la tierra
y el más feliz...»
Y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».

—Viajad y os distraeréis.
— ¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
—¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
—¡Si soy amado!
—¡Un título adquirid!
—¡Noble he nacido!

—¿Pobre seréis quizá?
—Tengo riquezas
—¿De lisonjas gustáis?
—¡Tantas escucho!
—¿Que tenéis de familia?
—Mis tristezas
—¿Vais a los cementerios?
—Mucho... mucho...

—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.

—Me deja —agrega el médico— perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.

—¿A Garrik?
—Sí, a Garrik... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.

—¿Y a mí, me hará reír?
—¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?
—Así —dijo el enfermo— no me curo;
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

Juan de Dios Peza


Siempre tengo una mueca que simula ser una sonrisa, te hace sentir mejor, lo sé; de noche me come la angustia, es demasiado pesado ser Garrik. Me gusta hacerte sentir bien, aunque sea a un precio alto.

julio 01, 2009

El viaje

Veía la flama doble, pues hacía bizco debido a que el encendedor estaba muy cerca de su rostro. Inhaló con toda su fuerza, sintió su garganta caliente, casi incendiada por querer ser un dragón invertido. La punta de la flama que alcanzaba a rozar su garganta llevaba consigo un acompañante, -había pasado por él a su cueva de metal pintada de azul- el humo verde.

Cuando llegó el humo a su sangre ya no pudo resistir más. Se fue volando a un lado de él, por el mundo que es casi idéntico al nuestro, sólo que un poco borroso, rodeado de niebla espesa. En dicho mundo sus dudas lo acosaron más de la cuenta; sus inseguridades, pasiones, deseos, miedos y gozos danzaban rodeándolo, asfixiándolo.

Ya no podía más, el no-estar-seguro empezó a invadir todo lo estar-seguro, el miedo se comió a la valentía, y, no conforme, también a la ilusión. Las pasiones resistieron un poco más la batalla, pero al final murieron al ver a la cotidianidad, la más agerrida y temible de las guerreras.

Su pequeño ejército fue asesinado por el de aquél mundo. Cuando regresó a nuestro lado de la realidad venía escurriendo en sangre, pues sus guerreros, a quienes llevaba cargando bajo sus hombros, habian derramado toda su vitalidad líquida en él. Ahora vive desprotejido, sin ejército que lo cuide.

(Esperando que lo leas, aunque casi convencido de que no lo harás).

junio 24, 2009

Muerte

Hace no mucho tiempo, el 2 de Junio de 2009, para ser exacto, mataron a un hombre afuera de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Le dispararon dos veces, creo, y murió.

El hombre era dealer, proveía a la comunidad estudiantil de la UNAM de drogas. Se le podía ver paseando por las islas, presuroso, con una mochila en la espalda. Se detenía, abría la mochila para sacar la preciada mercancía, la ponía en la mano del consumidor, este le daba dinero, se despedían y marchaban por rumbos distintos, pretendiendo no conocerse.

Ahora el hombre está muerto, ya no está.

¿Qué es lo que pienso acerca de esto? No lo sé, hay muchas cosas qué pensar, es difícil tomar partido. Por un lado, el hombre vendía drogas, el negocio es arriesgado, es mucho más probable que alguien que practica ese oficio sea matado por alguien más. Pero, al mismo tiempo, no deja de ser una muerte, aunque haya sido dealer el hombre. La reacción más común ante el suceso es: "pues sí, lo mataron, pero seguramente fue por algo, él se lo buscó", pareciera que la vida de un dealer es menos valiosa que la de un estudiante, yo no lo creo, pienso que las dos vidas son igualmente insignificantes.
¿Es malo que alguien venda drogas en una escuela, específicamente, en la mejor escuela de latinoamérica? Pienso que esta pregunta es vacía, creo que la podríamos sustituir por "¿Es malo que los estudiantes de la mejor escuela de latinoamérica consuman drogas?" y mi respuesta a esta nueva pregunta es: No, no es malo, sólo es.
Ahora bien, el hombre vendía droga porque había quienes le compraban, obviamente. Mataron al hombre por vender droga, presumiblemente porque el homicida quería quedarse con sus clientes. Así pues, ¿los consumidores somos culpables de la muerte del dealer?, cada vez que prendamos un churro, ¿debemos sentirnos culpables por haber matado a alguien?, ¿el churro nos sabrá a entrañas, a culpa, a dolor, a sangre, a plomo? ¿así nos debiera saber? No lo sé, no puedo decidirme en esta cuestión. En algún sentido sí somos culpables de su muerte, pues, al comprar droga, fomentamos el que se siga vendiendo. Pero, en otro sentido, no lo somos, pues no hicimos nada que forzara a alguien a matarlo. Sólo somos consumidores, el único responsable, en este otro sentido, de la muerte del dealer, es el otro dealer que quería acaparar nuevos clientes.

junio 23, 2009

Embriagado

Estoy tan borracho que temo no escribir correctamente, entendiendo por correctamente sin faltas de ortografía, sin omisión de signos de puntuación y conservando el orden que las letras de una palabra deben tener.

A veces, después de matar un cigarro, me gusta acercar las manos a la brasa que danza, intentando no extinguirse, para corroborar que lo acabo de matar. Me gusta sentir ese calor que emana la brasa, pareciera que intenta dañarme, pareciera que es la forma en la que la brasa se revela. El calor qur siento por su culpa hace que me dé cuenta de que yo maté al cigarro, hace que me sienta mal.

Ya, no puedo escribir más. Todo me da vueltas, creo que lo mejor será vomitar.

Te quiero un chingo, carnal Gustavo.