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septiembre 20, 2009

Eras tú o era el sol...

... o ese rayo que emanó de ti.

El viernes pasado, en el metro balderas, un fanático religioso estaba rayando una pared. Un policía se acercó hasta él y le dijo que dejara de hacerlo, el fanático sacó una pistola calibre 38 y lo mató. Después un albañil, padre de cinco hijos, se abalanzó sobre el tipo con la pistola e intentó quitársela. También murió a manos del fanático religioso.

¿De dónde viene la fuerza que hace que una persona, con una pistola que sólo puede cargar 6 balas, pueda mantener a raya a mil personas dentro de un metro? De la pistola seguramente no, pues es imposible que 6 balas puedan siquiera herir a todas esas personas. El poder del tipo aquél viene de la indiferencia, esa que todos mostramos hacia los demás.

En fin, a hacer tarea y dejar de pensar en las cosas que acontecen en este mundo.

junio 24, 2009

Muerte

Hace no mucho tiempo, el 2 de Junio de 2009, para ser exacto, mataron a un hombre afuera de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Le dispararon dos veces, creo, y murió.

El hombre era dealer, proveía a la comunidad estudiantil de la UNAM de drogas. Se le podía ver paseando por las islas, presuroso, con una mochila en la espalda. Se detenía, abría la mochila para sacar la preciada mercancía, la ponía en la mano del consumidor, este le daba dinero, se despedían y marchaban por rumbos distintos, pretendiendo no conocerse.

Ahora el hombre está muerto, ya no está.

¿Qué es lo que pienso acerca de esto? No lo sé, hay muchas cosas qué pensar, es difícil tomar partido. Por un lado, el hombre vendía drogas, el negocio es arriesgado, es mucho más probable que alguien que practica ese oficio sea matado por alguien más. Pero, al mismo tiempo, no deja de ser una muerte, aunque haya sido dealer el hombre. La reacción más común ante el suceso es: "pues sí, lo mataron, pero seguramente fue por algo, él se lo buscó", pareciera que la vida de un dealer es menos valiosa que la de un estudiante, yo no lo creo, pienso que las dos vidas son igualmente insignificantes.
¿Es malo que alguien venda drogas en una escuela, específicamente, en la mejor escuela de latinoamérica? Pienso que esta pregunta es vacía, creo que la podríamos sustituir por "¿Es malo que los estudiantes de la mejor escuela de latinoamérica consuman drogas?" y mi respuesta a esta nueva pregunta es: No, no es malo, sólo es.
Ahora bien, el hombre vendía droga porque había quienes le compraban, obviamente. Mataron al hombre por vender droga, presumiblemente porque el homicida quería quedarse con sus clientes. Así pues, ¿los consumidores somos culpables de la muerte del dealer?, cada vez que prendamos un churro, ¿debemos sentirnos culpables por haber matado a alguien?, ¿el churro nos sabrá a entrañas, a culpa, a dolor, a sangre, a plomo? ¿así nos debiera saber? No lo sé, no puedo decidirme en esta cuestión. En algún sentido sí somos culpables de su muerte, pues, al comprar droga, fomentamos el que se siga vendiendo. Pero, en otro sentido, no lo somos, pues no hicimos nada que forzara a alguien a matarlo. Sólo somos consumidores, el único responsable, en este otro sentido, de la muerte del dealer, es el otro dealer que quería acaparar nuevos clientes.

junio 02, 2009

De noche

¿Se supone que debo ser un... “alguien”
...que debo hacer algo de mí mismo?
Prefiero sacudirme este sueño
un largo rato...

Me resulta más sencillo este silencio,
es tonto pretender que soy un sabio
prefiero arañar algunos blueses
un largo rato...

Así transcurre la noche, con una cerveza al lado de la lap, escuchando el magistral blues de Real de Catorce, con mucha tarea por hacer y con el cerebro inundado por tu recuerdo, por esa última plática virtual que tuvimos hace un par de horas, por esas ansias de volver a verte, de volver a olerte, de volver a jugar a adivinar qué es lo que me quiere decir tu mirada. Así va muriendo la noche, parece aullar a través de la armónica de José Cruz.

Delicado para una garganta no tan delicada, de momento un bostezo, de momento un bosquejo, de momento perplejo, perplejo al darme cuenta, al saberme melancólico, melancólico porque ya no estás, porque no hay otra cosa mas que un listón y un collar, roto; prometí arreglarlo, no lo haré.

Con el hueco por saber demasiado, por no saber nada, por pretender ser sabio... un largo rato.

Con la ilusión de doblar el tiempo, de jugarle una trampa; quedan pocos días para entregar las tareas, los trabajos, quedan pocos días para escuchar música, para leer, para llorar, para pensar, para no hacer nada, para hacerlo todo, quedan pocos días. No hay que dormir, no tiene caso si estoy solo, si estoy acompañado no lo puedo hacer de todas formas; tomar café, fumar, tomar alcohol, no dormir.

Con el olor a pies mojados, con el olor a no haberse bañado hoy, con el olor a cigarro, a alcohol, a café, a blues, a Descartes. Con el dolor.

Así se muere la noche, poco a poco, despacito. Así se muere, así se debe morir, con la noche.