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abril 21, 2010

Me faltan ganas

Tengo tarea que hacer, pero no tengo ganas de hacerla. La neta es que no tengo ganas de hacer nada, ni de escribir esto. ¿Alguna vez has sentido cómo corre por todo tu cuerpo un impulso que te obliga a moverte y, al mismo tiempo, tu cerebro se empeña en ordenar a tu cuerpo que se quede quieto? Así me siento ahorita.

Tenía tiempo que no me sentía así, varios años. Recuerdo que cuando era niño esta sensación me era muy familiar, la sentía con mucha frecuencia. La mayoría de las veces me asaltaba mientras intentaba ir a dormir, me obligaba a mantenerme despierto toda la noche, extremadamente angustiado. 

"Este es mi país y esta es mi gente / Gente buena que trabaja..." escuchaba en aquellas noches de insomnio, no recuerdo si era la tonadita-pegajosa de un comercial de Bimbo o del Gobierno (si sabes te agradecería me dijeras). Chale, era verdaderamente aterrador.

mayo 25, 2009

¿Y ahora qué se hace?

Después de darse cuenta de la contingencia del ser humano, de que todo, o está encerrado en signos de interrogación o, aún peor, en comillas; después de no encontrar, después de sentirse solo, de haber contemplado la belleza y saberla perdida; después de haber entendido lo insignificante que se es, después de la muerte de Dios; después de haber tenido los pulmones destrozados, el hígado sangrando, el cerebro disminuido; después del andar errante, de haber intentado dominarlo todo sin haberlo conseguido; después de haberse sentido moralmente culpable sin saber porqué, de tener una buena (o muchas) razón(es) para sentirse moralmente culpable y no haberlo hecho. Después de todo eso, ¿qué se hace? Supongo que nada, lo mismo de siempre: comer, dormir, cagar, coger, ir a la escuela, leer, escribir, tomar, fumar, andar, sólo que ahora con ese hueco implacable, con esa desazón, con un dedo metido en el culo, eternamente sodomizado por el disgusto.